Un becario con contrato indefinido
27 años después de empezar, sigo sintiéndome un becario. Y creo que es lo mejor que me pasa.
Empecé en 1999, antes de terminar la carrera. Con veinticinco años ya enseñaba redes a gente que me sacaba años de experiencia.
Desde entonces he dirigido equipos, auditado hospitales, firmado más de doscientos dictámenes y arbitrado conflictos. Y si me preguntas quién soy, te respondo lo mismo que entonces: un becario con contrato indefinido.
No es modestia. Es un método.
Hubo una época en la que tenía respuesta para casi todo lo técnico. Fue también la de mis peores decisiones. No por saber poco, sino por creer que ya sabía. Cuando crees que sabes, dejas de preguntar. Y en tecnología, lo que sabías hace tres años ya no basta.
Ser becario, en el día a día, es esto: preguntar antes de opinar, seguir formándote aunque nadie te lo pida y aceptar que quien tienes delante sabe algo que tú no.
Te dejo la pregunta que me hago a menudo:
¿En qué parte de tu trabajo has dejado de ser becario?
Ahí, probablemente, es donde más te equivocas sin saberlo.
— Elías
Escribo con ayuda de herramientas de IA; cada texto lo reviso y firmo yo.